De un tiempo a esta parte el término fake news se ha popularizado de tal manera que ya nadie ignora su alcance y su poder a la hora de conformar la opinión pública. La difusión de bulos y mentiras en redes sociales, generalmente de carácter político, se ha profesionalizado de tal manera que en ocasiones resulta casi imposible separar el trigo de la paja y, a pesar de los esfuerzos, la (tristemente) famosa frase de Joseph Goebbels -"Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad"- hoy cobra más sentido que nunca. Estamos frente a una máquina cuyo engranaje no va a ser fácil de parar por lo que al menos deberíamos, en un acto de responsabilidad, recapacitar sobre el papel que cada uno de nosotros juega en todo esto y, principalmente, sobre el legado histórico que dejaremos a los que hayan de venir.
A nuestro favor, no obstante, hemos de decir que la difamación no es algo exclusivo de nuestro tiempo, sino que se ha venido utilizado a lo largo de la historia como arma arrojadiza en incontables ocasiones, tanto para humillar como para desprestigiar al enemigo. Una batalla que resulta mucho más difícil de vencer, si cabe, porque perdura en el tiempo y termina diluyéndose en los anales de la Historia.

Hace ya más de diez años que se publicaba Contra Armada, de Luis Gorrochategui (Editorial Crítica), un relato en el que su autor, tras largos meses de consulta y estudio de miles de documentos originales en el archivo de Simancas y la Biblioteca Nacional, demostraba unos hechos que habían sido ocultados deliberadamente durante más de 400 años. Un suceso éste que no tendría demasiada importancia si no estuviésemos hablando de uno de los acontecimientos de mayor relevancia sobre los que se sustentan los inicios del imperialismo británico y que ahora, descubrimos, se habían distorsionado, e incluso, silenciado. Esta es la historia de la mayor victoria de España sobre Inglaterra, la victoria sobre la Invencible Inglesa o Contraarmada.

Pero empecemos por el principio.

En 1588, y siempre según el relato oficial, se produce uno de los mayores desastres navales de la Historia de España cuando Felipe II envía su Grande y Felicísima Armada, la mal llamada Armada Invencible, contra costas inglesas con la intención de invadir el país protestante y devolverlo a la senda del catolicismo. La intención de Felipe II nunca fue la de conquistar y anexionar aquellas tierras, sino la de sustituir por una reina católica a su archienemiga Isabel I, cuyos esfuerzos por dañar al imperio a través de políticas claramente antiespañolas, como la financiación de tropas que luchaban junto a insurrectos holandeses, ataques y saqueos piratas contra costas españolas y americanas o, incluso, prestando su apoyo y alentando al aspirante a rey de Portugal, el prior de Crato,… le estaba costando demasiados disgustosMás allá, sin embargo, de los ataques directos que se produjesen contra la corona española, Felipe II se tomó como misión personal terminar con las persecuciones que la reina Isabel I perpetraba contra el culto católico en las islas.

Así, partiendo de Lisboa, la Gran Armada debía hacer escala en costas flamencas para recoger las tropas de Tercios españoles que posteriormente se encargarían de llevar a cabo la invasión de Inglaterra por tierra. Sin embargo, la mala planificación de la empresa, la falta de comunicación entre los mandos, la ausencia de puertos propicios en los que embarcar a las tropas y las fatales condiciones atmosféricas, dieron al traste con un proyecto que, de haberse consumado, habría acabado con el reinado protestante.

Inglaterra triunfó, al menos en parte, al no ser invadida. Sin embargo, no se puede decir que saliese totalmente airosa de aquel embiste, igual que no se puede decir que la derrota española fuese en realidad el desastre que siempre han tratado hacernos creer.

Reina Isabel I Contraarmada

¿Cómo es posible que aquella Armada Invencible –supuestamente hundida en aguas escocesas en realidad volviera prácticamente intacta tras haber perdido únicamente el 15% de sus barcos de guerra? ¿Cómo puede ser que nadie nos haya contado antes que en realidad, temerosa de un peligro tan palpable, la reina Isabel lanzó a la desesperada una flota que apenas podía competir con la española, que solo se enfrentaba si contaba con superioridad numérica, y de la que, aún así, tuvo numerosas pérdidas humanas? ¿Quién sabía que en los meses que siguieron al regreso de la Armada Española murieron más de ocho mil ingleses en sus propias naves debido a las pestes que se produjeron a bordo, porque la reina había prohibido desembarcar a nadie hasta estar completamente seguros de que el peligro hubiese pasado?

A finales del siglo XVI pocos reinos documentaban su historia como lo hacía el Imperio español, que dejaba constancia escrita absolutamente de todo lo que acontecía. Es gracias a esto que, después de largos meses descifrando antiguos textos manuscritos a los que prácticamente nadie había accedido desde que fuesen archivados, encontramos en la obra de Luis Gorrochategui un relato minucioso en el que, con exhaustivo detalle, se nos narran unos acontecimientos que sorprenden por desconocidos, y por desconocidos nos acercamos a ellos con cautela, porque ninguno queremos que en estos tiempos de frecuentes revisionismos injustificados nos den gato por liebre. No debemos temer, no obstante, porque nos encontramos frente a una obra de enorme seriedad, una investigación rigurosa basada en documentos inéditos. 

Y, sin embargo, todo esto no es más que la primera parte, la más corta, de Contra Armada.

Un año después, en 1589, se producía uno de los mayores desastres navales de la historia de Inglaterra, cuando la Reina Isabel, aprovechando que los barcos de la Armada Española se encontraban en reparación tras su infructuosa aventura por los mares del norte, enviaba una armada aún mayor que la anterior contra costas españolas. Compuesta por 180 barcos y casi 28000 hombres, esta gigantesca flota de dimensiones mucho mayores que la española ha pasado a la historia con el nombre de Contra Armada (Contraarmada) o Invencible Inglesa. Su fin era el de destruir las naves españolas que estaban siendo reparadas en Santander para dirigirse posteriormente a Lisboa, coronar al prior de Crato como rey de Portugal, y convertir a éste en un gobierno títere desde el que controlar, entre otros, el paso por las Azores, fundamental en las rutas transoceánicas. Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos, no solo no lo consiguieron sino que las pérdidas materiales y humanas resultaron ser mucho mayores que las de la Armada Invencible… No obstante, de esta otra historia, al menos de lo que realmente ocurrió, nadie ha oído hablar nunca, o muy poco. Hasta ahora. 

Carente de los fondos necesarios con los que organizar una partida de tales dimensiones, la reina Isabel consiguió formar algo más parecido a una gran flota pirata gracias a la inversión de capital privado por parte de nobles y comerciantes a los que se prometió un sustancioso porcentaje del botín. No en vano, el almirante de la gigantesca armada era el ex-pirata Drake, que a pesar de llevar órdenes de dirigirse en primer lugar a Santander y hundir los barcos que se encontraban en reparación, decidió quedarse a medio camino y atacar otra ciudad (aparentemente) más sencilla de doblegar, La Coruña. Allí podría conseguir fácilmente un buen botín con el que contentar a los inversores y de paso, seducir a su reina con la victoria sobre una plaza española, y evitar que ésta volcase su ira sobre él por haber desobedecido sus órdenes. Sin embargo, como pronto descubrirían, su plan no resultó tan sencillo. 

Se toparían con una gran sorpresa las tropas inglesas. La bahía y la ciudad habían sido protegidas con la reciente construcción del Castillo de San Antón, una formidable fortaleza que contaba con artillería de largo alcance y que desde un primer momento impidió a la flota inglesa acercarse directamente a la costa, además de la muralla medieval reforzada y un numeroso contingente de Tercios que tras regresar con la Gran Armada, permanecieron en la ciudad con ordenes de defender la plaza. Por si fuera poco, la población de la ciudad contaba con milicias entrenadas que no estaban dispuestas a rendirse fácilmente.

No es la intención de este artículo destripar las numerosas sorpresas que Luis Gorrochategui nos presenta en su obra, pero sí diremos que tras catorce días de asedio, las tropas inglesas consiguen por fin abrir una gran brecha en uno de los muros. Fue en ese momento cuando, asumiendo lo que parecía ser ya su fatídico final, las mujeres decidieron entrar en combate con todo lo que encontraron a mano.

María Pita Contraarmada

Utilizaron picas, espadas, armas de fuego… pero también piedras y adoquines que lanzaban desde lo alto de los muros contra el invasor, aplastando cráneos y provocando un grandísimo número de heridos graves que tuvieron que batirse en retirada. En aquellos momentos de desesperación y miedo, pero también del valor que nace de los que saben que ya nada tienen que perder, una mujer destaca especialmente en el combate al dar muerte a un alférez inglés que atraviesa la enorme brecha en los primeros instantes del combate. María Pita, una mujer que con su arrojo y valor terminaría convirtiéndose en todo un símbolo de heroísmo y resistencia para la ciudad de La Coruña.

Para cuando finalmente Drake y Norris se dieron cuenta de que no tenían nada que hacer y tomaron la decisión de embarcar las tropas para proseguir el viaje rumbo a Lisboa, contaban ya con varios miles de bajas entre muertos y heridos.

Aunque el plan inicial de Drake era lanzarse con sus 180 barcos contra la capital lusa, Norris decidió en el último momento desembarcar con sus hombres en Peniche, a unos 70 kilómetros de Lisboa y desde allí, de manera sincronizada con la flota, dirigirse hacia la capital al tiempo que alistaba por el camino las esperadas tropas portuguesas partidarias del prior de Crato, que se les unirían con intención de expulsar al invasor español. Lo cierto es que don Antonio jamás fue aceptado como legítimo heredero de la corona y aquel contingente jamás aparecería. 

Contraarmada - defensa de Lisboa

Nunca antes se había escrito nada sobre este hecho, y mucho menos tan bien documentado y con tal profusión de detalles como la obra de Gorrochategui, y lo cierto es que sorprende como un acontecimiento abocado a tan estrepitoso fracaso prácticamente desde sus inicios ha podido ser silenciado con tanto éxito. El caso es que, tras una durísima marcha terrestre, cuando las tropas inglesas llegan a Lisboa, cinco mil soldados viejos están esperando en extramuros. Ya desde la primera noche de su llegada sufren las tropas inglesas una terrible encamisada, un ataque sorpresa que los Tercios españoles llevaban a cabo al amparo de la noche y en el que las tropas vestían camisa blanca para no matarse entre ellos, una suerte de ataque fantasmal que se cobra cientos de víctimas mortales y deja una terrible sensación de fracaso entre las tropas inglesas. Básicamente, a lo lardo de varios días, el que fuese el mejor ejercito del mundo deja que el enemigo se acerque lo suficiente para someterlo a un continuo desgaste del que ya no sería capaz de recobrarse, asestando un golpe final con tanta fuerza que el contingente inglés no puede ya más que huir aterrorizado. Una auténtica desbandada en la que Norris abandonaría a muchos de sus hombres, heridos y desorientados.

Lejos de terminar sus problemas, una serie de desdichas se encargarán de poner la guinda final en el camino de vuelta a una de las expediciones más desastrosas de la historia: atacados por galeras españolas que hundirán varios navíos, con las naves asoladas por la peste y el tifus, llegarán finalmente a costas inglesas apenas sin tripulación, donde propagarán al desembarcar una terrible epidemia en la ciudad de Plymouth.

Contraarmada - Encamisada Tercios Lisboa

En un fantástico epílogo, el autor reflexiona sobre un tema que, más allá de los sorprendentes acontecimientos descritos, resulta de suma actualidad: la importancia del relato. Vivimos tiempos en los que la mentira, la difamación, la postverdad, las fake news,… y en definitiva la divulgación del relato ficticio es más fácil que nunca. Twitter, Facebook, Whatsapp, Instragram,… todas las redes sociales están repletas de historias inventadas que tratan de sacar rédito político e ideológico, del mismo modo en que lo hiciera hace 400 años la corona inglesa imprimiendo libros que atacasen al imperio español, panfletos, poemas,… toda una suerte de propaganda antiespañola que vendría a forjar la conocida Leyenda Negra, un relato que, sorprendentemente y frente a todo pronóstico, la propia población española, totalmente indiferente, terminaría aceptando como cierto.

Tras estos acontecimientos la marina española se consolidaría y las rutas transoceánicas funcionarían mejor que nunca, la presencia hispana alcanzaría cotas impensables, promoviendo la cultura, la lengua, las costumbres… mezclándose y hermanándose con otros pueblos y otras culturas a través del mestizaje,… y, sin embargo, con el tiempo, una sensación de fracaso y vergüenza lo fue impregnando todo, hasta llegar a nuestros días en los que el presentismo y la falta de interés, más allá de lo político, lo tiñe todo.

Mientras tanto, Inglaterra construía e imponía un relato nacional que se sostenía sobre una victoria que en realidad no lo fue tanto, y ocultaba un tremendo fracaso sumamente incómodo, la mayor victoria de España sobre Inglaterra.

Nos encontramos frente a un estudio deslumbrante, controvertido, riguroso,… una lectura que, a pesar de la enorme cantidad de datos que aporta (como no podía ser de otra manera), atrapa con la misma fascinación de una novela de aventuras. Un título que nos traslada a uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia moderna europea, que nos lleva a convivir con sus protagonistas y nos permite reflexionar sobre la importancia de la historiografía de seriedad, sobre la veracidad y la rigurosidad, y también, porqué no, sobre la responsabilidad histórica que nosotros tenemos ahora con los que habrán de leernos en el futuro. Una obra llamada a cambiar la visión que tenemos sobre uno de los periodos más deslumbrantes de nuestra historia.

Contra Armada

Contra Armada de Luis Gorrochategui está cambiando nuestra percepción sobre uno de los mayores acontecimientos de la Historia Moderna.
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on pinterest
Pinterest
Share on tumblr
Tumblr
Apasionado por la Historia y creador del proyecto Libros de Historia. Realizador audiovisual y editor de video en StudioKrrusel. Diseñador web y experto en marketing audiovisual en Independencia Digital. También en @mejoreslibrosdehistoria en IG y @libroshistoria en FB.

Suscríbete

¿Quieres que te avisemos cuando publiquemos contenido nuevo en la web?

Los datos de carácter personal que nos proporciones serán tratados por Isaac Viejo González como responsable de esta web. La finalidad es la de enviarte nuestras publicaciones, así como promociones de productos y/o servicios (prospección comercial). Tu legitimación se realiza a través del consentimiento. Destinatarios: debes saber que los datos que nos facilitas estarán ubicados en la plataforma Mailchimp, ubicada en Estados Unidos y acogida al Privacy Shield (más información de la política de privacidad de Mailchimp). Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en [email protected], así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control. Para más información consulta nuestra política de privacidad.