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Corría el año 711 cuando Rodrigo, rey visigodo, fue derrocado en la Batalla de Guadalete, iniciándose así un proceso político y militar que concluiría con la conquista de la Península Ibérica por los musulmanes y la consolidación de al-Ándalus. Varias son las visiones que se manejan con respecto a la forma en la que se llevó a cabo dicha conquista y el ambiente posterior de “convivencia” entre las tres culturas.

El profesor Fernández-Morera, en su ensayo histórico El mito del paraíso andalusí (Almuzara), se propone desmitificar la errónea idea, ampliamente difundida por toda suerte de profesionales, de la convivencia tolerante y pacífica de las “tres culturas” en la España musulmana. Apoyado en una extensa bibliografía y basándose en evidencias arqueológicas, el autor contraviene esta visión romántica del supuesto paraíso andalusí, narrando la conquista violenta y el posterior régimen de represión religioso y cultural al que fue sometida la población cristiana visigoda por parte del califato islámico.

Resulta un hecho controvertido la forma en que se llevó a cabo la conquista de la entonces España visigoda, en torno al cual se plantean dos hipótesis totalmente diferenciadas; la que defiende la conquista a la fuerza y la que se decanta por el otorgamiento de pactos pacíficos. El autor de nuestro ensayo fundamenta sin embargo, a lo largo de dos capítulos escritos con rigor, que no sólo se llevó a cabo una conquista violenta empleando la táctica del terror, sino que también se otorgaron pactos con aquellos líderes cristianos que aceptaron no oponer resistencia a la ocupación islámica, existiendo, eso sí, la amenaza implícita de la violencia en caso de no aceptar dichos pactos de no resistencia.

Es de destacar las menciones en las fuentes cristianas y musulmanas de la tendencia engañosa de estos pactos, ya que los conquistadores islámicos se arrogaban el derecho de rescindir estos pactos en cualquier momento, constituyendo una práctica totalmente justificada por la ley islámica en casos de necesidad y por el bien del Islam.

Otro aspecto a tener en cuenta, y que bajo esta visión desvirtúa el supuesto ambiente de tolerancia religiosa y sincretismo cultural entre las distintas fes que coexistían en Al-Andalus, es el sistema jurídico vigente en la España islámica, el cual, basado en la escuela malikí, perseguía actos como la herejía, la apostasía y la blasfemia con penas de muerte. Y es que, a diferencia de los visigodos, que asimilaron la cultura y religión del Imperio cristiano romano, los musulmanes impusieron su religión y su lengua en un intento de dominación sobre la cultura preexistente que había bebido del Imperio grecorromano. No olvidemos la destrucción masiva de iglesias y la transformación de algunas en mezquitas como acto de exterminio de todo simbolismo que representara a la religión cristiana. La destrucción de la antigua basílica de San Vicente y su posterior transformación en la mezquita de Córdoba, es un claro ejemplo de ello.

Las Tres Culturas - Convivencia en Al Andalus

A lo largo de varios capítulos, el autor irá desgranando las diferentes normas estrictas que regían todos los aspectos de la vida diaria de los miembros de la España islámica, en un intento de destacar la imposibilidad práctica de la convivencia pacífica y armoniosa entre musulmanes, cristianos y judíos, debido a la consideración del cristiano como fuente de contaminación y la necesidad de mantenerlos a distancia. Por otra parte, los complejos rituales de purificación y las distintas prohibiciones que pesaban sobre los musulmanes hacían dificultosa la integración entre las tres comunidades.

Tal y como menciona Fernández-Darío, en la vida musulmana no existía una separación entre derecho civil y religioso, aplicándose la Sharia en todos los aspectos de la vida del musulmán sin una diferenciación clara entre los actos privados y públicos, por lo que este cuerpo normativo terminaba regulando no sólo la esfera religiosa, sino aspectos tan reservados como la vida sexual, la vida familiar y las relaciones sociales. A mayor abundamiento y dada la inexistencia de esta diferenciación, la función de aplicar y hacer cumplir estas normas correspondían a los ulemas, una casta de intelectuales religiosos que gobernaban la vida diaria de la población según las fuentes jurídicas musulmanas, las cuales estipulaban la inferioridad jurídica de los cristianos (dimmíes). Entonces, cómo creer en la existencia de la tolerancia religiosa en un al-Ándalus regido por una hierocracia, en la cual la mayoría de los actos diarios y cotidianos eran reprimidos por clérigos?

“Siempre hay dos versiones de una misma historia. Procura escuchar las dos”, señala un proverbio celta.

Y es que, respecto a la España medieval bajo dominio islámico, se cuentan historiadores defensores de la convivencia pacífica y tolerante entre las tres culturas y detractores acérrimos de esta posición. En este punto, recomendaría también la obra de Brian A. Catlos, Reinos de fe (Pasado & Presente), el cual huye de esa sociedad idealizada de tolerancia y convivencia, si bien con importantes matices respecto a la visión expuesta por nuestro autor en el ensayo que nos ocupa.

Animo a todos aquellos historiadores o apasionados medievalistas a no perderse este ensayo; realmente merece la pena reflexionar sobre la nueva visión que aquí se plantea y que propone desbancar las ideas y argumentos que, por motivos económicos, políticos o ideológicos, han llegado hasta nuestros días.

El Mito del Paraíso Andalusí

¿Qué hay detrás del supuesto paraíso de convivencia de las tres culturas en Al-Ándalus?
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Estudiante incansable, amante de la historia y lectora obstinada. Creadora de @sinfoniasdepapel en Instagram.
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