Hace unos mil novecientos cuarenta y dos años todos sabemos que el Vesubio se llevó por delante Pompeya, Herculano, Oplontis, Estabia y todo lo que pilló por medio. Pero seguimos discutiendo si el terrible suceso fue en agosto o en octubre. En cualquier caso, fue tan terrible la erupción que durante mil seiscientos años se olvidó incluso la existencia de estas ciudades enterradas. No sería hasta 1738, cuando se redescubrió Herculano gracias a que aparecieron en un pozo unas cuantas estatuas excavadas por el capitán de Ingenieros español D. Roque Joaquín de Alcubierre.

Afortunadamente Su Majestad Carlos VII, quien luego sería Carlos III de España se interesó en estas antigüedades y en su excavación científica. No por casualidad, la aparición de unas ciudades romanas enterradas desde hacía tanto tiempo fue uno de los motores del neoclasicismo, oportunamente nacido en el siglo de las luces. Llevamos más de un cuarto de milenio desenterrando Pompeya, y lo que falta todavía…

Pompeya no sería descubierta hasta diez años después que comenzará la excavación de Herculano, concretamente en 1748 y todavía tendrían que pasar quince años más, hasta 1763, cuando se averiguara que los restos de esa ciudad que iba apareciendo oculta bajo una colina de lava, eran los de Pompeya, la ciudad casi “mitológica” mencionada por Plinio el joven en sus cartas a Tácito y oculta bajo una capa de ceniza de unos siete a veinte metros de altura.

La colina bajo la que se ocultaba Pompeya se conocía como “Civitas” desde siempre y ya en 1550, en los trabajos de canalización del río Sarno habían aparecido algunos restos de la misma, pero que aparezcan vestigios de casas y estatuas en el suelo italiano, no era tan raro ni evidentemente se tenía el interés científico que sí se desarrolló bajo el reinado de Carlos con intención de averiguar todo sobre la ciudad, hasta entonces, sólo soñada.

Plinio escribió la mejor descripción de la erupción, en la que por cierto, falleció su tío y padre adoptivo Plinio el viejo. En sus cartas que nos han llegado se puede leer (Libro VI, carta XVI):

Plinio el viejo - Volcán Pompeya
Plinio el viejo

“El noveno día antes de las calendas de septiembre (24 de agosto), casi a la hora séptima, mi madre le indicó  (a mi tío) la aparición de una nube de inusitada grandeza y extraña forma. (Mi tío) Había estado tomando el sol y se había bañado en agua fría y después de almorzar frugalmente y echado una siesta, estaba estudiando. Se calzó las sandalias y subió a una altura desde la que contemplar mejor aquel portento”.

(…)

“Como hombre muy sabio, le pareció (a mi tío) que aquel portento debía ser visto desde más cerca. Hizo preparar una liburna y me preguntó si quería ir con él  y le contesté que prefería quedarme trabajando. Cuando salía de casa recibió un mensaje de Rectina, la mujer de Tasco, la cual le rogaba que le sacara de aquel peligro, pues estaba atemorizada ya que su villa estaba precisamente debajo de la montaña y sólo le era dado huir por el mar. Mi tío cambió de opinión y lo que había empezado con intención de estudio, convirtió en misión de rescate”.

La carta termina explicando el fallecimiento de Plinio el viejo, en la playa cerca de Stabia tras haber pasado la noche en casa de otro amigo, Pomponiano. Pudo más su curiosidad de científico que su afán de supervivencia y los vapores le envenenaron. En la carta XX del mismo libro VI, Plinio el joven nos describe cómo mientras tanto, con su tía en el otro lado de la bahía y por miedo a los temblores, pasaron la noche frente al mar y por la mañana, viendo cómo una nube de ceniza se dirigía hacia ellos, huyeron perseguidos por las tinieblas que finalmente les alcanzaron, aunque afortunadamente sin dañarles. Es una de las descripciones más terribles de lo que ocurrió ese día:

“Anocheció, no como en las noches sin luna sino con una oscuridad sólo comparable a la que se produce en un sitio cerrado sin luz alguna. Se escuchaban chillidos de mujeres, gritos de niños, vocerío de hombres: todos buscaban a voces a sus padres, a sus hijos, a sus parejas, las cuales también a gritos respondían. Unos lamentaban su desgracia, otros la de sus parientes, y había quienes que por miedo a la muerte la invocaban. Muchos alzaban las manos hacia los dioses pidiendo clemencia, mientras otros, convencidos de que los dioses ya no existían, creían estar en la última noche del mundo”.

Destrucción de Pompeya por el volcán Vesubio

Plinio y su madre adoptiva sobrevivieron y gracias a estas dos cartas, se mantuvo el recuerdo de la ciudad durante tantos siglos. Aparte de Plinio, la erupción es mencionada por Dion Casio quien escribió que “un gran incendio tuvo lugar allí al final del verano” (Historia Romana, LXVI-21) o Tácito, que a partir de Plinio, menciona también el desastre y su digamos “fecha clásica” ya que durante quinientos años, desde la impresión de las cartas de Plinio en 1508, se ha dicho que la erupción tuvo lugar el 24 de agosto del 79.

Los manuscritos medievales (no se conservan versiones anteriores) dicen también esa fecha, 24 de agosto. Evidentemente, la fecha puede haber sido erróneamente transcrita y así lo sostiene una entera escuela de historiadores, que ya desde el mismo siglo XVIII, capitaneados por Carlo Rosini, y especialmente en este deconstructivo siglo XXI se empeñan en que la erupción tuvo lugar en otoño. ¿Su explicación? Por un lado, que las víctimas llevaban capas gordas en el momento de fallecer, que se han hallado frutas como higos, nueces o granadas, según esto impropias del verano, o que se han hallado dos dolias llenas de vino mosto recién vendimiado. Incluso una moneda de Tito, acuñada entre el 24 de junio y el primero de septiembre, habiendo aparecido en una casa, es tomada como prueba de que la erupción tuvo lugar más tarde. El año pasado se le dio mucho bombo a un grafito (aparecido realmente en el 2018) en el que se podía leer la fecha del 24 de octubre del 79 (Más exactamente: decimosexto día antes de las calendas de noviembre-17 de octubre-) Se supone que el grafito, qué casualidad, fue escrito justo una semana antes de la erupción, ya que la mayoría de los otoño-conspiranoicos insisten en que la fecha sería el 24 de octubre. Curiosamente, la pintada conmemora una comilona y aparece en una zona de una casa que estaba siendo reformada.

Volcán Pompeya Vesubio

En fin, la mayoría de la gente, opina que la erupción fue cuando dice la carta conservada de Plinio, pero los más modernos, dicen que fue el 24 de octubre. Aunque la inmensa mayoría de los que opinan (Wikipedia incluida) que la erupción tuvo lugar el 24 de octubre, yo con Mary Beard, estoy en que fue el 24 de agosto y estoy dispuesto a batirme con quien lo niegue. Mis argumentos, son muy simples:

Primero: Lo de las capas o abrigos gordos… Pues como dice Mary Beard, si están cayendo piedras no te cubres con un velo, sino con lo más gordo que tengas (Plinio el viejo se cubrió la cabeza con cojines).

Las frutas: Los higos en el sur de Europa, son de agosto. No sé de qué bárbaras tierras viene alguien que opine que esa fruta se cosecha en octubre. Las nueces, que suelen ser de septiembre, están lo suficientemente formadas a finales de agosto como para, una vez carbonizadas, aparentar estar estupendamente en el momento de su destrucción. En cuanto a las granadas, se cosechan en Europa de septiembre a noviembre, lo que permitiría que estuvieran también casi en su sazón el 24 de agosto, pero es que además precisamente Plinio el Viejo habla de que esa fruta se cosechaba en su época no en Europa sino en África, con lo que perfectamente podría hallarse en Pompeya a finales de agosto: “En África, cerca de Cartago, existe la manzana púnica que algunos llaman granatum” (Historia Natural. Libro XIII, XXXIV, 112.). Por otra parte, la vendimia, como todo el mundo sabe, al sur de Hispania e Italia es también a finales de agosto-primeros de septiembre, en ningún caso a mediados de octubre… Ni de broma.

La moneda de Tito, si había sido acuñada como mucho dos meses antes en Roma, a menos de 250 km. de Pompeya, perfectamente podía haber llegado con los turistas a la villa vacacional para finales de agosto…

Pero es que además de la fecha en sí, que sí, que vale, que podía haberse copiado mal, Plinio también nos cuenta que su tío había estado tomando el sol y que se había bañado en agua fría (en la piscina o en la playa) y que estaba descalzo (“se calzó las sandalias”), hombre, parecen costumbres más de agosto que otoñales, ¿no?, además las villas vacacionales, como la de Rectina y Tasco o la de su amigo Pomponiano, donde pasó el científico la noche, estaban todas habitadas, lo que es más normal un jueves de agosto que un martes de octubre… y luego más tarde, por cierto, Plinio el joven pasa la noche al relente con su tía delante del mar, sin que se especifique que estaban especialmente abrigados o que encendieran un fuego y hombre, la noche en la playa en agosto vale, pero a finales de octubre da un poco de rasca…

Pompeya - Víctima volcán Vesubio

¿Y el grafito? Ajajá, aquí os quería ver. Primero, como muchos estudiosos han dicho (Peter Kruschwitz, Macarena Calderón, etc.), el hecho de que ponga una fecha de octubre, no implica que se escribiera precisamente el año 79 pero es que además, el mes indicado, octubre, es curiosamente el mes octavo primitivo y por eso lo seguimos llamando así; octavo, octubre. A lo mejor, en la pintada en la que hablaba de la comilona que había disfrutado, el autor no quiso por pudor poner el nombre del dios Augusto a quien se le dedicaba el mes  y sí el numeral octavo, o lo que es lo mismo, citar el decimosexto día antes del comienzo (calendas) del mes noveno (noviembre).

¿Y tú, qué opinas? ¿Agosto u octubre?

Romanos de Aquí

Son muchos los romanos que nacieron aquí mismo, en Hispania, y Paco Álvarez te trae algunos de ellos en su último libro publicado.
Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on pinterest
Pinterest
Share on tumblr
Tumblr
Paco Álvarez, publicista desde siempre, es investigador, y flamante Geógrafo e Historiador, además de pequeño empresario, presentador y tertuliano, poeta, comisario de exposiciones y padre de familia, no necesariamente en ese orden. Ha trabajado en quince países de dos continentes como responsable de comunicación en Agencia para algunas de las compañías más importantes (Airbus, Banco Santander, Benetton, Cartier, Chivas Regal, Colgate, Peugeot, Philips, Repsol). En distintos proyectos culturales, ha colaborado, entre otros, con la Agrupación de Infantería de Marina de Madrid, Discovery Channel, La 2 de RTVE, National Geographic Channel, El Toro TV, Radio 4G, Radio Inter y con personalidades como Milos Forman, Kerry Kennedy, Yvonne Blake, etc. Paco Álvarez acaba de publicar Romanos de Aquí: Historias estupendas de los romanos nacidos en Hispania y es autor, entre otros, de Somos romanos y ahora nos presenta Estamos Locos estos romanos, la historia de cómo nos convertimos precisamente, en romanos. Una visión fresca y entretenida sobre nuestra Historia Antigua. Podéis encontrarlo en redes en: Twitter: romanos_somos Instagram: pacoalvarez.romano

Suscríbete

Conoce las últimas novedades en libros de Historia, artículos y reseñas, los más vendidos…

Los datos de carácter personal que nos proporciones serán tratados por Libros de Historia. La finalidad es la de enviarte nuestras publicaciones, así como promociones de productos y/o servicios (prospección comercial). Tu legitimación se realiza a través del consentimiento. Destinatarios: debes saber que los datos que nos facilitas estarán ubicados en la plataforma Mailchimp, ubicada en Estados Unidos y acogida al Privacy Shield (más información de la política de privacidad de Mailchimp). Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en [email protected], así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control. Para más información consulta nuestra política de privacidad.