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Había una vez un libro que se escribía de nuevo cada vez que alguien lo leía; es más, había una vez un libro que se escribía de nuevo cada vez que alguien contaba alguna de las historias que contenía. Ese libro era el libro de los mitos. Cada civilización tiene uno, y en él guarda los porqués a todas las cosas, desde su explicación sobre el origen del universo, las luchas entre la civilización y el caos, los héroes, todos los dioses, todas las traiciones, todos los mapas del tesoro y todas las historias de amor. Incluso todos los futuros posibles.

Los mitos son historias que cambian cada vez que se cuentan, pero que de todas formas, siguen siendo las mismas, eternas, inalterables al paso no ya de los siglos, incluso de los milenios. Nosotros en el Mediterráneo tenemos las historias que comenzó a escribir Homero, si es que Homero no es un mito, hace algo más de 2.800 años, anotando tradiciones orales que a lo mejor ya tenían quinientos o más años de antigüedad…

Todavía creamos mitos, pero no sabemos lo que van a durar… lo de las dos horas de digestión, por ejemplo no ha sobrevivido ni esta generación… en cambio, seguimos echando la cabeza hacia atrás cuando nos sangra la nariz o pensando que sólo utilizamos el 10% de nuestro cerebro…. además lo de la niña de la curva (mito que por cierto tiene cientos de años, antes la niña se subía a un caballo) o eso de que comer petazetas y cocacola provoca que te explote el estómago, son mitos mucho más cutres que los mitos antiguos. ¿La razón?, tal vez que nuestro mundo científico y moderno es más prosaico y aburrido. Más superficial.

Antes, te preguntabas que por qué nacía allí ese manantial y te explicaban que un guerrero lloró en ese mismo lugar tanto tiempo por una derrota, que la montaña lloró con él y justo allí brotó esa fuente. Ahora te dicen que los gases en los suelos kársticos ejercen presión subterránea en las aguas freáticas. ¿Qué patraña es esa? Prefiero creerme lo del guerrero. Es más bonito y de hecho, más creíble. Como lo del Eco. Prefiero pensar que la ninfa Eco fue castigada a repetir lo que los demás dijeran a que alguien me explique que el sonido viaja en ondas –invisibles, claro- que rebotan en los objetos que no pueden atravesar. Este mundo es demasiado prosaico, con perdón. Prefiero los mitos, prefiero los héroes y los monstruos, prefiero las ninfas y las diosas que se acuestan con su amante y encargan a un sacerdote que les despierte justo antes del amanecer y como el cura se olvidó y su marido les pilló, la diosa castigó al sacerdote a cantar eternamente cada amanecer y así nació el primer gallo.

¿No era mejor el mundo cuando tenía magia? Yo creo, sí creo. Y además de magia, tenía poesía. Las explicaciones de la física están bien para los físicos. Déjennos soñar a los demás. Prefiero la manzana de Eva, o la de la discordia, o las del jardín de las hespérides, las de Avalon, hasta la de Guillermo Tell, antes que las de Apple. Y ya puestos a hablar de Apple, prefiero el sello de discos donde grababan los Beatles que los teléfonos hipercaros donde ahora puedo guardar remasterizada, toda la discografía de los cuatro de Liverpool, aunque ya no todos entiendan lo que se dice en Yesterday. André Gide dijo que: “cree al que busca la verdad, desconfía de quien dice que la ha encontrado”. Y creo que esa es la verdad. ¿No es mejor seguir buscando? ¿No es mejor el viaje? A lo mejor como decía aquella otra canción, (Sleeping Satellite, Tasmin Archer 1992) llegamos a la Luna demasiado pronto. Necesitamos todavía un lado oscuro, hasta para poder contar las historias de Star Wars, que quién sabe si llegarán a ser mitos… Bueno, las pelis dicen que cuentan algo que sucedió “hace mucho tiempo en una Galaxia muy, muy lejana” ¿no?

Mitomorfosis - Mito Pleyades

Nadie sabe tanto de Galaxias como los dioses, preocupados en componer no ya constelaciones molonas como las pléyades, sino incluso la Vía láctea, formada por la leche materna que Juno derramó arrancando a Hércules de su seno. Las pléyades o palomas, que es lo que significa su nombre en griego antiguo, eran siete hermanas sin siete hermanos, que formaban parte del cortejo de Diana. El gigante Orión, un cazador muy pesado, las estuvo persiguiendo durante siete años, hasta que Júpiter las elevó a los cielos como siete estrellas que están todas juntitas en la constelación de Tauro. Las pléyades son visibles desde mayo hasta noviembre coincidiendo con la época más o menos segura de navegación en el Mediterráneo, con lo que marcan con su presencia estelar la estación de los viajes. El buen tiempo para un bon voyage en el Mare Nostrum.

Orión, el gigante cazador, también está en el cielo, dicen que porque Diana se enamoró de él, pero que le mató sin querer de un flechazo de los malos antes de llegar a mayores. Clásico accidente de caza. Ya se sabe que los arcos los carga el mismísimo demonio. La constelación de Orión es visible todo el año, pero sobre todo en las noches de noviembre hasta abril, con lo que parece que eternamente sigue persiguiendo a las pléyades por el firmamento, sin alcanzarlas jamás. Por cierto que una de estas estrellas de las pléyades, luce menos que las demás. Es Electra, de quien descendían los reyes troyanos, y está más apagada porque guarda luto todavía por la caída de Troya. La ciudad de la que vino Eneas para fundar Roma.  ¿No es una historia para una peli o buena serie?

Y es que hace miles de años los mitos eran a la vez el antecedente de nuestras series de televisión y la explicación de todos los porqués. A falta de ciencia, filosofía y razón, la poesía lo explicaba todo. Desde por qué está ahí ese río a la forma de las constelaciones… Pero ¿cómo se forman los mitos? ¿Cómo se produce la Mitomorfosis? ¿Por qué han sobrevivido tantos milenios? Pues porque siempre hemos buscado respuestas comprensibles, porque la curiosidad es una de las características que nos hacen muy humanos. Sin los mitos, el miedo a lo inexplicable, a la naturaleza y a lo desconocido resultaría abrumador.

Los mitos están en todas partes, los mencionamos de manera cotidiana, pueblan las páginas de muchas novelas y se cuelan en personajes de series y películas, pero nunca antes un libro sobre mitología clásica nos había sumergido en este fascinante mundo de manera tan sencilla. Y es que aún hoy creamos y creemos en mitos. No solo de estrellas de Hollywood, futbolistas y rocanrolstars, también contamos leyendas urbanas que se mueven hoy a toda velocidad en las redes. Todo está en los mitos. Desde las explicaciones del origen del mundo, los lugares misteriosos, las infidelidades de Júpiter, las aventuras de Venus o de su hijo Cupido… Aunque todo ahora es muy moderno y rápido, no hemos cambiado tanto, seguimos contándonos historias… sobre todo, de amor.

Y es que, ¿quién no ha tenido un flechazo?

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Paco Álvarez, publicista desde siempre, es investigador, y flamante Geógrafo e Historiador, además de pequeño empresario, presentador y tertuliano, poeta, comisario de exposiciones y padre de familia, no necesariamente en ese orden. Ha trabajado en quince países de dos continentes como responsable de comunicación en Agencia para algunas de las compañías más importantes (Airbus, Banco Santander, Benetton, Cartier, Chivas Regal, Colgate, Peugeot, Philips, Repsol). En distintos proyectos culturales, ha colaborado, entre otros, con la Agrupación de Infantería de Marina de Madrid, Discovery Channel, La 2 de RTVE, National Geographic Channel, El Toro TV, Radio 4G, Radio Inter y con personalidades como Milos Forman, Kerry Kennedy, Yvonne Blake, etc. Paco Álvarez acaba de publicar Mitomorfosis y es autor, entre otros, de Somos romanos, Estamos Locos estos romanos, la historia de cómo nos convertimos precisamente, en romanos, y Romanos de Aquí: Historias estupendas de los romanos nacidos en Hispania. Una visión fresca y entretenida sobre nuestra Historia Antigua. Podéis encontrarlo en redes en: Twitter: romanos_somos Instagram: pacoalvarez.romano

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