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Marvin Harris, un destacado antropólogo nacido en 1927 en Estados Unidos, se convirtió en uno de los principales exponentes del materialismo cultural en el campo de la antropología. A lo largo de su carrera, Harris se dedicó a analizar y comprender las diversas culturas del mundo a través de una perspectiva materialista y pragmática. Una de sus obras más influyentes, Vacas, cerdos, guerras y brujas, publicada en 1974, explora y propone explicaciones prácticas y materiales para las conductas ecológicas, materiales y tradicionales presentes en diferentes culturas alrededor del mundo.

El enfoque central de Marvin Harris en Vacas, Cerdos, Guerras y Brujas (Alianza Editoria) radica en analizar las prácticas y creencias culturales desde una perspectiva económica y ecológica. Harris argumenta que muchas de las conductas y costumbres culturales pueden ser comprendidas a través de su adaptación a condiciones ecológicas y materiales específicas.

Por ejemplo, Harris examina la relación de las vacas y los cerdos con la alimentación y la economía en diferentes sociedades. Explora cómo factores como la disponibilidad de recursos, el clima y las restricciones económicas influyen en las preferencias alimenticias y la crianza de animales en distintas culturas.

Marvin Harris

Asimismo, Harris se adentra en el análisis de prácticas y creencias relacionadas con la brujería y la magia en diferentes sociedades. Explora cómo estas prácticas pueden ser entendidas desde una perspectiva material y funcional, vinculadas a la resolución de problemas sociales, la gestión del riesgo y la cohesión social. Así, a través de su enfoque pragmático, Harris nos invita a explorar las razones prácticas y materiales detrás de las variadas expresiones culturales en todo el mundo.

¿Por qué las vacas en la India no pueden ser sacrificadas?

Para empezar nos ubica en la India, donde las vacas de raza cebú son veneradas como símbolo de vida. Son cuidadas, protegidas y amadas como un miembro más de la familia, y por encima de todo, está prohibido sacrificarlas para obtener su carne, independientemente de las condiciones de hambre y pobreza por las que pueda pasar la familia propietaria, e incluso rehúsan sacrificarlas en caso de desnutrición durante épocas de sequía.

Las vacas cuentan con un código en la Constitución que las protege, poseen la libertad de pacer a su antojo, en jardines, arcenes, etc, y en el caso de que se extravíen, el gobierno cuenta con pastos destinados al cuidado de estos animales hasta su recuperación.

Sin embargo, desde la perspectiva occidental, no se comprendía que estas vacas que apenas producen leche, mucho menos carne, perjudican la agricultura, y compite por el espacio de cultivo, no se sacrificasen para eliminar inconvenientes y explotar el consumo de carne. No obstante, un estudio detallado de las prácticas hindús y su sistema económico y tecnológico, deja ver que las vacas no resultaban ser un animal tan inútil.

En primer lugar, las vacas y bueyes de la raza cebú resisten más fácilmente las enfermedades, los periodos de sequía, y soportan mejor los largos periodos sin agua o alimento, que en su mayoría se compone de desperdicios.

Además, los bueyes de la raza cebú son las principales herramientas de tracción para el campo y transporte de carretas.

Por otro lado, su excremento sirve como combustible, muy valorado en la cocina, mezclado con agua formaba una pasta para revestir el suelo de la casa, y además, era un fertilizante de bajo costo y fácil de obtener.

En definitiva, Harris plantea que la vaca es sagrada en la India, porque al margen del misticismo, es un animal que requiere poca energía y gasto para ser mantenida, frente a los beneficios energéticos y tecnológicos que aporta.

Vacas Cerdos Guerras y Brujas, de Marvin Harris

¿Por qué judíos y musulmanes no comen carne de cerdo?

Frente a la negativa del sacrificio de la vaca en la India donde se la considera sagrada, en la cultura judía y musulmana, el cerdo es considerado el animal impuro por excelencia que se ha de evitar consumir.

Tras la total prohibición de Yahvé y Alá de criar y consumir cerdo, se ha intentado dar explicaciones a su prohibición a lo largo del tiempo. Partiendo desde la idea de que era un animal sucio porque retozaba en sus excrementos, que podía transmitir enfermedades y que su carne resultaba dañina para la salud, se pasó a razonamientos de índole mística y religiosa, donde se argumentaba que el cerdo había sido en origen un animal sagrado o divino. Sin embargo, Harris plantea un conjunto de razones de ámbito ecológico y medioambientales.

Vacas Cerdos Guerras y Brujas - Comida musulmana

Harris expone que la clave de la porcofobia radica en las propias características del cerdo. Este soporta mal las temperaturas altas y la luz directa del sol, su hábitat son las zonas boscosas y riberas, y difícilmente es capaz de recorrer grandes distancias. Por su alimentación se convierte en competidor del hombre por los recursos, ya que su dieta es de tubérculos, frutos, granos, etc…, y no únicamente de hierba.

Tampoco es buen productor de leche, y aunque su carne podía considerarse sabrosa, los costos de alimentación y los inconvenientes de mantenimiento de un clima y ambiente aptos para la cría del cerdo, terminaban siendo un lujo.

Los Grandes hombres: el potlatch y el cargo fantasma

En las comunidades indígenas entre la Columbia Británica y Washington se celebraba un ritual conocido como potlatch, un evento en el que el jefe de la tribu invitaba a otra rival a un opulento festín, con el fin de quedar por encima del jefe rival. No solo eran agasajados con comida en grandes cantidades, sino que también se les entregaba objetos valiosos como dinero y ropa. El jefe invitado debía entonces prepararse para dar el siguiente festín, para validar su posición y su reconocimiento como gran hombre en la tribu, mejorando las donaciones entregadas.

La necesidad de mantener la posición y títulos heredados de los ancestros, y la aprobación social, llevaba a competir a estos grandes hombres entre sí, creando un sistema de producción de bienes y alimento siempre activo, y un sistema redistributivo que permitía el tráfico de productos y comida.

Potlatch. Vacas, Cerdos, Guerras y Brujas

En algunas regiones de Oceanía existió el culto al cargo fantasma, en el que se esperaba la llegada del cargamento con los bienes materiales que mejorarían las condiciones de vida de la población nativa. Se creía que este cargo o cargamento sería enviado por los dioses o antepasados, y que pondría punto final a una era de pobreza y atraso, para dar inicio una mejor y más moderna, gracias a la llegada de los productos industriales. 

Esta creencia se manifiesta a raíz de la explotación colonial, y del contacto con los occidentales, quienes llegaban a las comunidades indígenas entregando regalos, y los que automáticamente se les atribuía el papel de ancestros. Los occidentales asumieron el rol de ancestros o grandes hombres, ya que les proporcionaba el apoyo de los nativos, quienes no oponían resistencia en la ocupación de las tierras y trabajaban de buena gana como mano de obra, a cambio de que los grandes hombres entregaran más regalos, y como condición para que llegara el cargo tan largamente esperado.

Harris relaciona las características del culto al cargo con la figura del mesías de la tradición judía.

Los Mesías

La mayoría de los pueblos antiguos creían en la necesidad de contar con apoyo divino para poder vencer al enemigo. En el caso de la cultura judía, esta creencia se representaba a través de la figura del mesías, un título que se le otorgaba a quien creía estar en conexión con las fuerzas divinas, y que por tanto, le brindarían apoyo decisivo en las batallas.

El primer mesías fue David, pastor de Belén, que se convirtió en el cabecilla de un grupo de guerrilleros establecidos en el desierto, a cuyos enemigos fue venciendo gracias a la alianza con Yahvé. Convertido en mesías y el ungido, fue el fundador del gran reino judío. Sin embargo, tras la conquista de Nabucodonosor, la grandeza del reino de David desapareció.

La población judía siguió creyendo que Yahvé mandaría a otro mesías para luchar contra las naciones enemigas, para traer de vuelta el reino de David, prosperidad económica y social. Esta creencia alentó el sentimiento militar-mesiánico en un contexto de guerras de liberación bajo la ocupación romana.

La corrupción, impuestos excesivos, alienación de tierras, esclavitud, etc provocó enfrentamiento contra el control romano bajo la forma de guerra de guerrillas, robo, terrorismo y asesinatos. Harris enumera hasta cinco líderes guerrilleros a los que atribuyeron el papel de mesías, exceptuando Juan el Bautista y Jesús: Atrongeo, Teudas, el mencionado como «canalla» en las fuentes, el falso profeta de origen egipcio, y Manahem.

En conclusión, Harris plantea que las sucesivas figuras mesiánicas respondían a personas de carne y hueso, que se alzaban como adalid de su dios, en los continuos intentos por derrocar los poderes invasores.

Del Mesías Vengativo al Mesías Pacífico

El sentimiento militar-mesiánico también motivó la actividad inicial de Jesús y sus seguidores, influenciados por Juan Bautista, otro de los muchos profetas y oráculos del desierto que instigaba a esclavos y desposeídos contra los romanos. En concreto, Juan el Bautista predicaba la amenaza militar mesiánica, recogida en los manuscritos del Mar Muerto, en la que se relataba el final de esa era y el inicio de un nuevo reino judío.

Tras la captura de Juan Bautista, Jesús actuó a modo de sustituto, continuando con la predicación e iniciando actividades subversivas y hostilidades. Una de las más llamativas, fue la entrada en Jerusalén montado en un asno, siguiendo la profecía de Zacarías, que simbolizaba una clara amenaza a los enemigos y la llegada del Sacro Imperio Judío. La última, el enfrentamiento en el templo de Jerusalén, conllevó su detención acusado por un crimen político-religioso, por poner bajo amenaza el control colonial de Roma.

Mesías, Vacas Cerdos Guerras y Brujas

Tras la captura de Juan Bautista, Jesús actuó a modo de sustituto, continuando con la predicación e iniciando actividades subversivas y hostilidades. Una de las más llamativas, fue la entrada en Jerusalén montado en un asno, siguiendo la profecía de Zacarías, que simbolizaba una clara amenaza a los enemigos y la llegada del Sacro Imperio Judío. La última, el enfrentamiento en el templo de Jerusalén, conllevó su detención acusado por un crimen político-religioso, por poner bajo amenaza el control colonial de Roma.

Cuando Jesús fue crucificado, sus fieles y los seguidores de la idea del mesías vengador, seguían esperando un justiciero que instaurara el Sacro Imperio Judío. Fue, sin embargo, tras las consecuencias de la victoria romana en el sitio de Jerusalén y la destrucción del templo, que comenzaron a divulgarse mensajes pacíficos atribuidos a Jesús con la redacción de los evangelios.

Los conversos resultantes de la actividad misionera a favor del Jesús pacifista, se desvincularon de los judíos que mantenían el discurso militar-mesiánico, para ser tolerados por el poder romano. Además, tenían a su favor que su doctrina de paz no llamaba a la sublevación, y el reino al que aspiraban estaba en el más allá, por lo que no suponían un peligro para el gobierno colonial.

Harris señala que el punto de inflexión que permitió empezar a adoptar una forma de pensamiento totalmente contraria a la tradicional, se encuentra en el resultado negativo del propio impulso militar-mesiánico; la derrota judía contra Roma en el enfrentamiento por Jerusalén, la destrucción del templo, y la cantidad de vidas judías que se perdieron en su defensa.

La Aparición y la Expansión de la Brujería

Entre los s.XV y s.XVII medio millón de personas fueron quemadas por brujería, acusadas de volar en escobas a sus aquelarres, relaciones con el diablo, malograr cosechas o comer niños.

Ya antes del año 1000 eran frecuentes las acusaciones de uso de brujería, haciendo el mal con capacidades sobrenaturales, o ver o tener experiencias de vuelo sobre escobas. La Iglesia negaba la existencia de la brujería, y achacaba esas visiones a la actividad del diablo en los sueños, pero el castigo se limitaba a la excomunión.

Brujería Vacas Cerdos Guerras y Brujas

Unos siglos más tarde, los vuelos a aquelarres se convirtieron en peligros reales, por lo que la Iglesia comenzó la persecución contra las brujas y sus aquelarres. En el s. XV se fundó la Inquisición y se admitió la tortura para erradicar la herejía y el mal. Contaban para ello con El Martillo de las Brujas, que dictaba con detalle el procesamiento de las brujas, desde su identificación hasta su ejecución. Una vez que habían hecho confesar a las sospechosas a través de torturas, eran presionadas a delatar a cuantas más brujas del aquelarre pudieran, lo que conllevaba  a que cualquiera pudiera verse envuelto y sometido al mismo proceso.

La clave de los vuelos en escobas está en que muchas de las acusadas de ser brujas conocían un ungüento a base de plantas que se absorbía por la piel y que resultaba ser alucinógeno, proporcionando experiencias frenéticas de danzas o viajes. Pero la lucha contra la brujería nunca se centró en los usuarios de ese tipo de ungüentos.

La explicación que da Harris para que la persecución de las brujas alcanzara tal magnitud, tiene raíz en los movimientos mesiánicos del s.XIII al s.XVII: la reforma protestante, la profecía de la segunda venida de Cristo, y la llegada de la Edad del Espíritu, etc. Estos enfocaban las críticas contra el control del poder y riqueza de las clases dirigentes. Tanto la Iglesia como las clases dirigentes perdían valor y justificación dentro del engranaje de la sociedad. El fenómeno de las brujas les brindaba el responsable de los males y de las frustraciones de la población, mientras que Iglesia y Estado volvían a convertirse en los protectores y a legitimar los diezmos e impuestos.

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